domingo, 11 de noviembre de 2012

ZAPATOS, RUTAS Y RESACAS: CANCIONES DE LA GRAN DERIVA

 He leído con un interés creciente el poemario «Canciones de la gran deriva» de Vicente Muñoz, historias hiladas en sentimientos que nacen llanos y se entremezclan hasta conseguir emociones almizcladas, impresiones en la parte más gelatinosa de la memoria, a donde llegan como si, en ocasiones, fueran nuestras propias experiencias las que allí se narraran de forma tan poética, en jornadas interminablemente lentas, en rutas y caminos donde se vence a la realidad a través del sueño inquietante y el empeño, como si viviéramos un road-movie salpicado de sucia realidad y de tedio y de melancolía y de lucha, que se expande hasta el infinito incierto de esperanza en algo que aun no es dúctil pero que, sin embargo, ya se puede palpar. O al menos intuir su tacto.

La voz del poeta leonés traza vértigos a través de las páginas, como si cruzáramos a ciegas el Universo haciendo equilibrio en un alambre en llamas, bajo un fondo dudoso y precario donde se fabrica en el día a día la realidad. La crisis que crece en gráficos imposibles de mantener en una gráfica. Callejones, hogares y tormentas. Rutas de kilómetros, días sin huella, la soledad de los hoteles, tiendas de zapatos y un muestrario itinerante en la penumbra del maletero. El amor deshilvanado, el cansancio de los días, la deriva de los bares, la inercia que nos lleva a sujetarnos en el impulso de caída, los proyectos que golpean el ardor de la mente para mantener la mano firme para trazar la siguiente sílaba, que se hará palabra, que alumbrará la frase hasta llegar al verso. Literatura pura contenida en cada verso. En cada uno de los versos que nos llegan latiendo a nuestra mente, como imágenes escritas para proyectarse en nosotros como una reflexión abierta que nos guía al silencio, para saborear otra vez en el recuerdo los significados, los mensajes, la certeza de cada uno de sus disparos hechos grafía.



Vicente Muñoz sorprende. Y más sorprende saber que este libro es una re-edición tras trece años, en el que se incluyen algunos poemas inéditos, que enriquecen aún más la obra. Un poemario altamente recomendable, como lo son también sus otras obras publicadas, tanto poemas, como relatos, novela o ensayo, o su magnífico fanzine Vinalia Trippers, o el nunca suficientemente ponderado blog Hankover, imprescindible para cualquier amante del viejo Bukowski.


«Canciones de la gran deriva» es una ruta de sentimientos oblicuos a través de la realidad más descarnada, donde la lucha incesante siempre permite que no flaqueen las fuerzas para la siguiente batalla. O un barco que navega más allá de lo que el mar abarca, pero nunca a la deriva, sino hacia un puerto donde esperan los que aun guardan esperanzas.

Magnífica también la portada de Julia D. Velázquez y acertado prólogo de David González.

(Editorial Origami). 


Foto: "Zapatos". José G. Cordonié / 1986

domingo, 4 de noviembre de 2012

OSCURO CAMINO A LA LOCURA



Joe Louis en un psiquiátrico de Denver,
el Hombre dejando huellas en el polvo de la Luna,
sangre en la nariz en la escuela en la primera pelea ganada,
la teoría de la Relatividad en un tren que circula,
recuerdos de cuando éramos más sabios,
de cuando lo que no sabíamos lo ignorábamos.


Johnny Weissmüller en un psiquiátrico de Acapulco,
cómics de superhéroes en la tarde del domingo,
el efecto Doppler en una estación de metro abandonada,
dolor en el costado tras caer por vez primera al vacío,
recuerdos perdidos de la infancia de los primeros años,
de cuando el mundo en mi mente aún podía ser plano.


Philip K. Dick en un psiquiátrico de Berkeley,
el olor infinito y universal de la letra impresa,
la manzana caída de Newton en una hoja arrugada,
recuerdos en llamas de las mentiras primeras,
los sueños rotos tras los primeros besos de un antihéroe,
de cuando el amor aún parecía ser algo más que hipérbole.


Y fumé la grifa y el hachís de los poetas malditos,
en días que llegaron tan oscuros como la palabra obscuro,
y olí la pólvora de la pistola de Mayakovski detonada,
y vi el delirium tremens de Poe en la sombra del plenilunio,
y sentí los versos inflamados de la Generación Beat,
y al final, guiándome al espanto y a la fría locura, tus ojos vi.



"Oscuro camino a la Locura". De mi Poemario "Los Cantos del Inframundo"