sábado, 16 de mayo de 2015

A VECES HABLO CON PÁJAROS

A veces hablo con pájaros. Les hablo de sus mentes escuálidas, de lo limitado de su inteligencia a pesar de la proporción del cerebro en sus cabezas, de su falta de raciocinio y de pensamiento deductivo, inductivo y abducido, de la ausencia de símbolos, de la carencia de subjetividad y de la nula existencia de conocimiento interpretativo y de un lenguaje para una comunicación estructurada...

A veces hablo con pájaros. Les hablo de su ignorancia y de su falta de capacidad para desarrollar una civilización, su incapacidad para llevar a cabo una evolución de los sistemas de vida, del desprovisto uso de la tecnología, de la ausencia de culto al Poder, de la carencia de una revolución de la imagen, y del establecimiento de valores y de leyes, y de una sociedad jerarquizada, de la no existencia de ejércitos en sus especies, ni de religiones ni de creencias ni de dogmas, de la falta absoluta de clases sociales, de papel moneda, de la inexistencia de la envidia corrosiva, del egoísmo descomunal, de la maldad y de la crueldad, de la vanidad desmedida, de la exagerada soberbia, de las punzantes  mentiras, de la falta de capacidad para destruir el mundo…

A veces hablo con pájaros. Y envidio su inteligencia. 

Nuestra inteligencia
pierde cuando vence
a su propio instinto.



Dibujo: José G. Cordonié 
Cuadernos de la Frustración

viernes, 8 de mayo de 2015

FRUSTRACIÓN

La Frustración fue sentirse abatido en la nostalgia de sueños de un mundo imaginado que pudo ser y nunca fue, al ver izarse en la Realidad la bandera negra del ultraje por manos que se sintieron vencedoras, puras e inocentes.

La Frustración fue conocer el engaño. Saberse títeres imbéciles y mudos actuando para divertir a las bestias, esperando su aplauso, su risa y su encomio.

La Frustración fue el sudor en la frente para ganar el pan que otros comieron hasta no dejar ni rastro de su sombra. Verles masticar papel moneda con sus dientes de oro y diamantes.

La Frustración fue esto; saberse el callejón oscuro donde rebota el eco de sus risas y se hace estridente y sólido, para golpear dos veces, siempre donde más nos duele.

La Frustración fue seguir observando su bandera negra ondeando al viento, sin atrevernos a rociarla de gasolina y prenderla con la cerilla que encendemos para caminar en la oscuridad que nos cubre.

La Frustración fue sabernos muñecos de guiñol actuando con la boca callada y las manos quietas para que el ventrílocuo haga los gestos y ponga la voz.

Frente a sus ultrajes,
las bocas calladas
y las manos quietas.


De Cuadernos de la Frustración
Dibujo: José G. Cordonié